Opinión

La crisis en la UNAH

Autor: 

Edmundo Orellana Catedrático universitario

Ha avanzado tanto que ya no es posible resolverla por los medios tradicionales. El diálogo está descartado por la posición de los estudiantes de no aceptar a ninguna autoridad universitaria como interlocutora, especialmente a la rectora Castellanos, por lo que decidieron acudir al Congreso para que este, entre otras cosas, instituya una comisión de transición, integrada, proponen, por miembros de la comunidad universitaria.

Navegan hacia aguas profundas los estudiantes. Allí donde merodean tiburones prehistóricos de la política aldeana que añoran los tiempos en los que la política partidaria se imponía en la academia. Se aprovecharon de la paridad universitaria, que en las épocas gloriosas del movimiento estudiantil permitió el surgimiento de líderes, entre los estudiantes más destacados académicamente, cuyas cualidades contribuyeron a la consolidación de la academia. Sustituyeron a los de excelencia académica por los que no superaron jamás las medianías en todos los órdenes de la vida. Eran los más convenientes, porque sus limitaciones académicas permitían manipularlos fácilmente. Servir fielmente al político-docente resultaba redituable para el estudiante mediocre, porque no solamente obtenía beneficios académicos, sino que, al quedar bien con aquel, también quedaba bien con el dirigente del partido al que el docente-político servía lacayunamente, asegurando su porvenir post universitario.

Son tiempos a los que no conviene regresar en la UNAH.

La crisis actual parte de un problema creado por los políticos. Decidieron, en el Congreso Nacional, reformar la Ley Orgánica de la UNAH para impedir las elecciones como medio para seleccionar los representantes estudiantiles en los órganos de gobierno. Por esta razón, es difícil entender la lógica de la propuesta estudiantil. ¿Por qué confiar en que resolverá esta crisis el mismo que, a sabiendas, la provocó?

En la solución de la crisis, el Congreso debe intervenir, ciertamente. Pero solamente para derogar la reforma que originó el problema. No debe permitirse que vaya más allá. De hacerlo, nadie sabe hasta dónde llegará. Por el apetitoso presupuesto de la UNAH, por la manipulación de la institución y por la posibilidad de movilizar a la comunidad universitaria, como en el pasado.
En este momento hay más motivos. Estamos en medio del proceso electoral y, en estas circunstancias, dominar la UNAH es sumarla a la campaña electoral. Difícilmente nuestros voraces políticos dejarán pasar esta oportunidad de volver a los tiempos dorados de los líderes estudiantiles mediocres y de los políticos-docentes.

Por otra parte, el problema que generó la reforma a la ley no fue atendido debidamente, lo que provocó un malestar, cuya intensidad fue tensando gradualmente las relaciones entre el movimiento estudiantil y las autoridades universitarias, hasta su inevitable ruptura. Cuando esta sobrevino, otros problemas se agregaron. Entre estos el de las normas académicas, que, haberse aplicado solamente a los estudiantes de primer ingreso, no habría provocado la reacción que generó. Ahora, lo que constituye la columna vertebral de la reforma universitaria, es juzgada, del lado estudiantil, como un obstáculo que debe removerse. Luego se agregaron los juicios en los tribunales penales. Ya hay estudiantes sentenciados y otros en proceso de serlo.

De estos, el único problema cuya solución es competencia de la UNAH es el de las normas académicas. Los demás corresponden a otros organismos: Congreso, MP y juzgados.

La preocupación actual no la constituyen los problemas descritos. La prioridad ahora es cómo abordar estos problemas. Es un asunto de procedimiento. Quiénes deben participar en el mismo y cuál es la metodología pertinente para abordarlos. En lugar de estar en esto, sirviéndose de los mecanismos propios y naturales de la academia, están midiendo fuerzas y distanciándose más.

El conflicto está en pleno desarrollo y afecta a todos, porque no hay hondureño que no contribuya a su mantenimiento y porque el futuro del país descansa en esos estudiantes que hoy se forman para elevar las condiciones de excelencia de nuestra sociedad. De ahí, que los actores deben asumir una actitud responsable para resolverlo, evitando que se prolongue innecesariamente y que participen actores indeseables, extraños a la UNAH.